La vida es una parábola, venimos de lo bello, decaemos a lo vulgar,
y retornamos nuevamente a lo bello, pero con una consciencia nueva,
como cuando volvemos a nuestra ciudad, después de un viaje, ya
nunca puede volver a apreciarse de la misma forma.
Ahí radica el juego de vivir,
el crecer radica en experimentar, y del roce de las experiencias se
empieza a formar un lenguaje, de ese lenguaje el conocimiento, del conocimiento
el éxtasis de existir con consciencia.
El buen arte no es un fin, es un medio,
el buen arte debe lastimarnos, porque duele arrancarnos los hilos que
nos dominan, estamos tan entregados que ya ni preguntamos, estamos implícitamente
encerrados en nuestra incertidumbre, vivimos como mendigos, pero eso
duele saberlo, verse, entenderse, experimentarse puede doler.
El buen arte es como la vida, una parábola
que nace de lo bello, se vulgariza, y vuelve a lo bello.
El buen arte lastima, hiere, sangra, irrita, aburre, obsesiona, duele,
seduce, es la ira de la verdad muriendo despacio, es insoportable porque
no viene a anestesiarnos, el buen arte nos hiere a cambio de belleza,
nos eleva de lo vulgar a lo bello, y es ahí donde empieza el
camino último, la ultima transformación, donde ya no hay
heridas y solo hay belleza.
El buen arte no es gratuito, no es para
cualquiera, no se entrega porque si, es tan propia la responsabilidad
del que crea, como del que especta, es ahí donde se cierra el
ciclo, donde uno se nutre del esfuerzo de otros.
Pero no es gratuito, no es miserable,
no es efímero, el buen arte es resultado del dolor y de la gracia,
de un camino recorrido, y recorrerlo es buen arte.
Los ojos pueden llegar a sangrarte, la
piel puede ahogarse, el corazón puede estallar, porque estamos
enfermos, y necesitamos drenar toda esa basura, y el buen arte es el
dolor de empezar a curarse.
El buen arte no es un fin, es solo un
puente, un espejo, cada uno deberá entonces, ser un buen artista,
así sea a la hora de jugar, o de amar, o de reír, el buen
arte no cambia al mundo, solo da libertad
La vida es una parábola, venimos
de lo perfecto esencial, y vamos hacia lo perfecto esencial, y en esa
transformación obligada que todos vamos a sufrir y a experimentar,
se irán cayendo al suelo, todas nuestras máscaras y escudos,
y en ese estado de fragilidad, una inmensa satisfacción, la vida
habrá tenido un sentido profundo, y la muerte un primer principio,
la eternidad.