La virtud desnuda


Expongo sin ya ningún tipo de filtro, esta declaración que invita a la transmutación de piedra, a carne, de carne, a alma.

Únicamente la confundida y difamada virtud, que es seguramente, la única VIRTUD, existente, y valorable.

Mas las otras llamadas así, no hacen sino al abuso burdo, de lo indiferente.

Compasión, la virtud de sentir en nosotros, la carne de los otros, los que exceden el dominio de nuestra mente, de nuestros músculos.

Es la única Virtud que vale algo, y solo las otras Virtudes, cobran algún tipo de sentido, cuando se visten aunque sea minimamente,

de la sensible, divina y honesta. Compasión.

Humilladas sean las demás avaricias del ser, que acorralado entre barrotes cristalinos, cobardemente arrecia dejarse manchar de la esencia exterior.

¿Cómo has de matar otra carne si en los otros, los nervios de tu alma se extienden y se hacen sensibles a tus propias puñaladas?

Compasión para el ser humano, y entonces el humano será por primera vez, ser, y por primera vez, humano. Sin compasión solo queda esperanza , avaricia de ser, en un lapso de tiempo.

Y nada que ver tiene la compasión, con la lastima, ni con la caridad, ni demás excusas mugrientas que el hombre ha utilizado como comodín de buena apariencia durante su larga historia.

Compasión es reconocerse en los demás, y no es gratis, y no siempre es agradable, y no siempre podremos, aunque queramos.

La compasión se aplica en uno mismo, ponerse en tu propia sensibilidad, en tu propia fragilidad, y si eso no sucede. Tu propio cuerpo ha de estorbarte en el camino.

y tu peso ha de ser el gran peso, más grande que cualquier atrocidad externa, y solo en la compasión el amor toma forma de acto, el acto de extenderse para poder quebrarse.

Quebrarse en el camino de trascenderse, trascenderse a través de la interacción sensible con lo demás. En la búsqueda, pero en la percepción. En la herida, pero en el Arte.

Compasión como necesidad de compartir con lo otro sus más profundas verdades, y eco irrefutable de divinidad propia. No existe la sabiduría sin Compasión. Solo la indiferencia discimulada en el acto cotidiano, esteril.

No existe otra prueba de divinidad, que ingresar en los destellos de identidad de una piel ajena. Sentir lo que siente, porque su necesidad, en realidad es la mía.